Hasta que la mierda nos separe











Hay juramentos que uno no debiera hacer y aprendí esa lección hace casi 12 años, cuando aun no me venía a vivir a Chile. Juré en el altar que si alguna cosa que no fuera la muerte me separara de mi “garotinha”, Dios tenía permiso para hacerme mierda. Pues bien; como yo soy un pastel, el Todopoderoso no tardó en recordarme que con ciertas cosas no se juega. Esta historia bien podría ser un ejemplo de que, ciertas decisiones mal tomadas pueden, literalmente, enmierdar a la pareja.

Yo acostumbraba a dormir hacia el lado de la cama que daba directo a la puerta de la habitación, pero aquella fatídica noche del verano de 1997 decidí, por algún motivo que no recuerdo, dormir del lado que daba hacia la ventana. De pronto, a eso de las 04:00 de la mañana, fui despertado por un audaz olor a mierda que invadía osadamente el aire del cuarto. Miré hacia un lado y descubrí que mi lolita no estaba en el lecho del pecado. Divisé luz viniendo desde el corredor y me percaté de que mi mujer no había huído con otro sino que estaba en el inodoro desde donde me advirtió que no me atreviera a poner los pies en el suelo; no al menos en cualquier parte.

Al principio no comprendía por qué razón el perfume de la muerte había tomado tan antinatural decisión de invadir la pieza en vez de seguir un curso más científico saliendo por el pasillo en dirección a la cocina. Pero encendí la luz y recordé mi juramento: ahí, a los pies de la cama, había una suerte de pantano de bosta, entremezclándose con el color de la… ¡alfombra!!! Algo así como si los marcianos hubieran derretido a un policía y sólo quedara ese color entre verde y caca tan característico.

Pues bien, ocurrió que durante la noche esta niñita de 19 años tuvo una indigestión avasalladora pero, al levantarse del lado contrario de la cama, tuvo una pérdida de la orientación y trató de salir de la habitación por la puerta del ropero! Pero ya era demasiado tarde y “decidió” bajarse los churrines más rápido de lo que lo habría hecho la más experta de las chilenas y puso el alívio de su vientre en el tope de la escala de valores.

Esa fue mi prueba de amor real; pasar el resto de la madrugada limpiando aquella mierda y tratando de eliminar el idílico aroma que golpeaba mi conciencia haciéndome recordar el famoso juramento. Ni todos los sprays del supermercado fueron suficientes para disimular esta gótica experiencia por lo que debimos transportar el colchón hasta el living y dormir ahí por más de tres semanas.

Guardé sigilosamente esta experiencia durante estos 12 años y cuando la recuerdo me parece escuchar la exclamación que salió de mis lábios cuando encendí la luz del cuarto en aquella conspícua noche: ¡MIERDA!

Tour por Marruecos





















Viviendo en uno de los lugares más céntricos de la capital, todo parece ocurrir “al paso”; la gente no se detiene a conversar o conocer gente. No hay un vecino que te invita a una cena porque eres nuevo en los alrededores y, a ciertas horas de la noche, puedes asomarte por la ventana y ver como tranquilamente una banda de lolos bien vestidos desmantelan una tienda de informática sin la menor plancha.

También pueden ocurrir cosas inexplicables como tener en el edificio del frente a un tira ocupando un departamento sólo para filmar durante todo el día el movimiento de los traficantes del carrito de confites, u observar como los guardias del supermercado muelen a patadas, entre todos y muy valientes, a un solo y desarmado ciudadano porque “venia cargado”. Genial. Aquí puede pasar de todo y al otro día nadie se acuerda o se pregunta “qué onda”.

Así fue como una mañana yo venia bajando de una escuela de modelaje donde estaba tratando de engrupirme a la secretaria cuando noté una mujer colorina de unos 40 o 45 años frente a la puerta de la escuela de danza flamenca en actitud de “busco a alguien pero no hay nadie”. Pasé de largo y me metí al departamento, a prepararme un café. De repente, golpean a la puerta. Era la muercilla esa, preguntándome por la profesora de la escuela de flamenco. Le dije que no estaba y el horário en que podía volver. Acto seguido, iba a cerrar la puerta cuando la pintoresca vieja me preguntó si no podía facilitarle un lugar para arreglarse el cierre de la falda. La hice pasar a mi cuarto, cerré la puerta y me fui de nuevo a la cocina. De pronto, me dio por mirar hacia el pasillo y ahí estaba ella, asomada por la puerta de mi dormitorio, pidiéndome que me acercara. Me preguntó si tenía un alicate o un cuchillo para poder abrir un poco el carro del cierre. Fui a buscar un cuchillo y cuando entré al dormitorio me percaté de que se había sacado la falda. Parecía llevar media tonelada de medias sobre el cuerpo… pero estaba ahí… sin falda!

Ya me iba yo de nuevo a seguir en la preparación de mi café cuando ella me dijo: “no te vayai pa que me ayudís!” (que onda, dije yo para mi…). Y siguió: “a ver párate un poquito ahí, déjame ver como está la posición del cierre tuyo”. Y yo le dije que no usaba cierre en mi pantalón, pues de hecho mi pantalón tenía una secuencia de botones, no un cierre. Me sorprendió la respuesta de la mujer: “no importa, si es para ver cual de las dos partes del pantalón va por encima de la otra” (se refería, naturalmente, a que el pantalón de mujer cierra de derecha a izquierda y no como el de hombre). Pero eso claramente tenía poco que ver con la aventura de arreglar un cierre!!! Y no me lo van a creer pero la muercilla ésta, anduvo “manipulando un poco el área”, pero no tocó ninguna parte “sensible”. Hasta el día de hoy, no me explico cómo mierda le permití eso. Pero bueno… se puso la falda y se fue dando las gracias…

Volví finalmente a la cocina cuando de nuevo golpean a la puerta! (Shit).. Quién será ahora? Ella de nuevo, con su sonrisa de “por-favor-alguien-me-pesque”, contándome que “de nuevo se me salió… por favor, déjame verlo una vez más”. Mierda! La hice pasar otra vez, pero no le quité la vista de encima pues esto ya pasaba de sospechoso. Fue un error! Me llamó de nuevo a que me acercara a ella y otra vez lo del cierre que, como ya sabemos, no existía en mi pantalón. Pero esta vez ella metió la mano! Metió la mano por dentro de mi hermoso marrueco palpando el pantalón por ambos lados, y esta vez sin dejar de rosar amenazadoramente el orgullo de mi existencia. “Estás bien abrigadito, ah?” – me dijo. Aún no descifro con exactitud lo que quiso decir con eso porque yo no me pongo nada abrigador por debajo. Sólo el calzoncillo. Bueno, esta vez la mujer “arregló” su cierre y se marchó. Finalmente, dije yo. Y me fui a la cocina a empezar de nuevo todo el proceso de prepararme mi delicioso café brasilero, tostado y molido, jejeje… Y adivinen qué? No, esta vez no golpearon a la puerta. Era el comunicador interno de la central telefónica. Fui a contestar. Era mi papá.

Mi papá me preguntaba detalles sobre una cierta colorina y si esta tenía que ver con un comentario que yo habia hecho un par de días antes... Pero mi comentario de dos días antes era sobre otra colorina que no tenía ningún problema con su falda. Entonces procedió a relatarme que hacía pocos minutos una mujer colorina, de cierta estatura, había golpeado a la puerta de su departamento pidiendo permiso para… ARREGLARSE EL CIERRE DE LA FALDA!!!

Yo le dije: “papá, no me digas nada… te pidió que le mostraras el cierre” … Y mi papá: “cómo lo supiste???” jajajajaaja… La volaíta, gente mía! Y mi papá siguió: “no sólo eso, weon, me metió la mano! No sé en qué estuve yo que la dejé hacer eso! (y yo cagándome de la risa al otro lado del fono)… más encima, como me rosaba, el niño se me empezó medio como a depertar…” JAJAJAJAJA… yo no lo podía creer. “Quién sabe qué hubiera pasado si yo hubiera agarrado papa”, terminó de relatar.

Felizmente, mi papá y yo tenemos estómago… y buen gusto, jaja. Aunque a veces uno se equivoca, pero no en este caso, jajaja. Cuando llegó su secretaria le conté por anticipado y ella simplemente creía que se trataba de una broma y me dijo: “cuando me lo cuente tu padre te voy a empezar a creer”. Yo salí al sector alto de la ciudad a hacer una diligencia y, cuando volví, la secretaria estaba prácticamente revolcándose en el suelo de tanto reír. Mi distinguido progenitor acababa de narrarle los hechos pormenorizadamente.

Cabe hacer notar que el departamento de mi padre y el mío, al momento de desatarse los hechos, los separaba tan solo un piso del edificio. Plop!

Hot Frog













D
urante 4 años estudié por la noche. Vivía en régimen de internado abierto y durante le día me ganaba la vida trabajando como bibliotecario, profesor particular de música y los finales de semana hacia misiones locales por la iglesia a la que pertenecía. En mi vida académica, era considerado un tipo cercano a la genialidad, con profesores que esperaban que yo un día me convirtiera en un brillante escritor y conferencista de renombre. Pero había un problema… mi “fama” con las mujeres, según las propias palabras de uno de mis más importantes mentores en aquella época. La denominación era, en mi particular modo de ver, un tanto injusta, ya que pasé prácticamente toda la carrera amarrado a una única novia – salvo una breve escaramuza con la hija de un pastor bautista que no duró más de dos meses.

El caso es que durante mi prolija carrera como estudiante fui protagonista de capítulos verdaderamente pintorescos en mi vida sentimental, hecho que no dejaba de lanzar dudas a la mente del resto de mis compañeros que, en alguna ocasión, llegaron a acorralarme para saber si mi “inmunidad” se debía a vínculos secretos con la masonería.

Pero yo ya estaba acostumbrado. En mi segundo año de Pedagogía, también fui gentilmente interrogado contra la pared durante una peña folklórica en la comuna de Ñuñoa sólo porque era demasiado sospechoso que a mis 18 años anduviera siempre vestido de manera formal y que pese a dar vueltas sin sentido durante todo el día por los jardines del campus, llegara el momento de la prueba y siempre me sacara un siete.

Si, lo que quiero decir con todo esto es que, por lo general, en algunos reductos estudiantiles no se le pone la mano encima fácilmente a alguien que es brillante en su rendimiento escolar. De hecho tuve una novia que solamente no fue expulsada por ser 24 años menor que yo debido a que tenia el promedio más alto del colegio y una beca municipal… eso para que sepamos bien de lo que estoy hablando.

A lo largo de esos años de estudio, las sospechas de mis compañeros de que yo pudiera estar en alguna suerte de “adelanto” de luna de miel con mi novia eran no sólo motivo de la curiosidad de unos pocos sino que un desafío general que incluía, por supuesto, aquellos a quienes no les caía muy bien. Sé que esto suena tremendamente irrelevante en la sociedad que vivimos, pero yo estaba inmerso en un mundo religioso, altamente ético y moralista, de manera que vida sexual activa no seria un antecedente muy interesante en mi hoja de vida. Todo el mundo quería saber si yo me estaba comiendo a mi polola! Lo más curioso es que yo siempre fui un individuo temerario en este punto y bautizé lugares innombrables con mi compañera… si esto hubiera ocurrido en la época de la Inquisición, ustedes ya saben lo que me habría pasado.

Pero una tarde, en mi último año de estudios de grado, fui convidado a declarar en una comisión disciplinaria que, de acuerdo a la norma, sólo se constituía para expulsar a un alumno y, en el mejor de lo casos, recomendarle gentilmente que se buscara alguna otra institución más de acuerdo a sus estándares personales. Había sido visto en una escena de celos que incluía algunos lances de boxeo con mi novia que, por esos días, no era formalmente mi nada. Ustedes saben, esas típicas pintadas de mono que ocurren cuando uno peleó y terminó por breve tiempo. Lo malo es que el asalto lo presenció un vendedor de hot-dogs que se parapetaba todas las tardes a eso de la hora de inicio de clases en la esquina frontal oblicua a nuestra casa de estudios. Lo peor… tenía la boca grande. Como la mayoría de los estudiantes iba a matar el hambre a su carrito, no pasó mucho tiempo y ya esto parecía historia de carnudos: todos lo sabían menos yo.

Se preguntarán qué pasó… pasó lo que ha pasado siempre a lo largo de mi vida. Me constituí en la primera excepción relevante a la regla de los consejos disciplinarios. Continué estudiando hasta el final, pero debí escuchar muchas cosas desagradables que se podrían resumir en que “como teólogo eres un buen pianista”… Pero también habían buenas noticias: mi novia había pasado minutos antes que yo por el consejo y no pudieron sacarle nada que me incriminara. Y aunque yo dije que el vendedor de completos estaba mintiendo porque me tenia malas debido a una deuda de sanguchitos fiados, y que no deberían darle crédito a un bárbaro que hablaba mal de un buen cristiano, tengo mis dudas de lo que ayudó a librarme del patíbulo. A veces pienso si no fue el hecho de que yo era uno de los alumnos con mejor redacción de la lengua portuguesa que ellos conocían; poseedor de un promedio 10 en griego arcaico por tres años consecutivos; becado por un benefactor anónimo e importante a lo largo de 4 años y un muy buen investigador que siempre elaboraba los trabajos en un nivel de post-grado. Pasó mucho tiempo antes que yo volviera a comer hot-dogs en ese lugar.

SuperRaton
















M
e fui de la casa a los 19 años. Patudamente fui a vivir al barrio alto, sin tener donde caerme muerto. Arrendé durante un mes una pieza para estudiantes en una casa de familia, justo al lado del Apumanque. Pero, aunque la mona se vista de seda, mona se queda... y dejé el lugar apenas se me acabó la plata y me fui a vivir a una casa donde sólo habia estudiantes como yo, pero en el sector de Av. Matta con Portugal. Yo estaba en el cuarto año de Pedagogia en Eduación Musical, haciendo mi segunda tentativa de dejar el país - la cual no seria la última - y me ganaba la vida enseñando música en colegios y casas particulares. Me alcanzaba para pagar una habitación que debia compartir con otro sujeto cuya identidad cambiaba a la media noche. Si, su cuñado se venia a dormir a su cama y él iba a acostarse con su polola, que alquilaba otra habitación aledaña. En la parte de arriba, otros dos muchachos amigos de la jarana y estudiantes de institutos tecnicos compartian una pieza un poco más grande y, a la salida, pagaba su cuarto el único que no era estudiante: un tio al cual le deciamos Silvio Rodríguez por su parecido con el cantante cubano y del cual me acuerdo que hacia una operación de comando para introducir a hurtadillas a su pieza una rechonchuda novia cada vez que lo venia a visitar.

El dueño de la casa era un viejo calvo, miembro de la Iglesia Adventista del 7º Dia. Avaro como él solo y con cara de no confiar en nadie. No vivia en la casa, pero venia frecuentemente a controlar el ambiente y tenia una pieza grande llena de trastos a la entrada de la casa, cuyas ampliaciones eran, como en todas partes, ilegales! Le ponia candado a un teléfono antiguo para que sólo pudieramos recibir llamados, pero nosotros éramos hábiles y habíamos desarrollado la paciencia y el pulso necesario para discar con el candado puesto.

Recuerdo que el primer mes de arriendo lo pasé a pan tostado, esperando los dias de pago y fue en una de esas ocasiones cuando estaba a la mesa saboreando ese exquisito manjar de los dioses cuando miré hacia la cocina y vi que por una tuberia que atravesaba el techo hasta el suelo, bajaba raudamente un guarén del porte de un gato! A partir de ese instante tuve claro que había más "inquilinos" de lo que se sabia oficialmente y, al mas puro estilo de mis 11 años, cuando pasé toda una noche tratando de liquidar a una diminuta laucha que osó pasar por sobre mi cara mientras dormia, me senti llamado a las armas y declaré guerra a esta asquerosa alimaña. Durante la operación, y como suele ocurrir en buenos films de accion, el bandido huyó, no sin recibir sendos escobazos que lo hacian chillar como una mujercita a manos de un negro. El problema es que con el pasar de los dias y la repitencia de estos incidentes, constaté que no se trataba de un roedor solitário. Otro dia, mientras almorzaba, vi como se desplazaba una familia entera con toda parsimonia de arriba hacia abajo y viceversa. Pero ese dia fue punto para mi!

Algunos escaparon pero logré darle a uno en la cabeza y lo atonté lo suficiente como para que le fuera más dificil la fuga. Movi todo lo que podia a mi alrededor hasta que lo acorralé y acabé con su vida merced a una saga de maestros golpes de escobillon sobre su lomo y cabezota. Ya lo teniamos dominado y semi muerto cuando no encontramos mejor salida que agarrarlo con un papel de diario - El Mercurio para ser exacto - y lo arrojamos ya moribundo por el tragaluz de la habitación del dueño. Lo que viene a continuación talvez lo puedan imaginar.

Llego, don Julio, el dueño de la casa, con toda tranquilidad a su inspección de rutina cuando, al abrir la puerta, se depara con el cadáver de la bestia! Nostros nos haciamos los huevones, pero con aquella carcajada presa en la garganta y el morbo debido a la ocasión. El vejete tenia una cara imposible de describir aqui. Cómo habria llegado hasta ahi el guarén. Se trataria de un ratón con alas? Un hediondo roedor posible de atrapar solamente por el gato volador? O... alguien lo habria puesto allí?? Vino a verme a mi y me preguntó como si fuera un secreto entre ambos, si habia visto a alguien entrar a su habitación. Le dije que no. A partir de ese momento, comenzó a afirmar que se habian introducido a su habitación. Cambió el candado y le quitó los candados a todas las puertas de las habitaciones arrendadas. Aprovechó para hacer sus descargos por la sospechosa cuenta telefonica que acusaba la realización de horrorosa cantidad de llamados desde ese aparato y salió indignado. No sin antes encargarse del cuerpo sin vida del super-guarén.

Algunos dias después, anunció sus intenciones de hacer una reforma en la casa por lo cual era necesario que cada uno de nosotros abandonara el lugar a la brevedad posible. Habíamos compartido ahi numerosas y entretenidas aventuras; haciendonos amigos, discutiendo a veces y reconciliándonos despues. Todo iba bien, hasta el dia en que los guarenes decidieron aparecer en escena. No pude liquidarlos a todos; es más, el primero fue también el último. Y, al morir, se llevó "al vuelo" nuestra oportunidad de seguir siendo la comunidad de estudiantes que habiamos sido hasta ese momento. Uno a uno fuimos dejando la casa... yo fui el último en abandonarla. Proximamente sabrán a donde fui a parar ya que, cuando esto ocurrió, no tenia empleo y sólo me dedicaba a flojear.

Fanta "Cola"













M
i papá es un hombre de teatro desde mucho antes que yo naciera. Yo todavia no pasaba de un espermio con pretensiones de gente cuando mis padres hacian representaciones en los grupos teatrales que se formaban en las empresas donde trabajaban. Más tarde, él prestó examen en la Universidad de Chile para obtener su credencial profesional de manera que, con el tiempo, comenzó a introducirse en ambientes más escojidos y eso significó que yo crecí yendo a selectos lugares del quehacer teatral santiaguino asistiendo al estreno de los más perfectos vodrios como también autenticas obras clásicas del arte dramatico.

No tardé en darme cuenta de que el mundo de las artes escénicas está plagado de gente a la que se le queda una patita atrás por lo que desde pequeño desarrollé un discernimiento poco comun para detectar la más anonima presencia de algun fleto en las cercanias. Y no que yo sea un tipo homofóbico pero, la verdad, me molestan los gays no asumidos, especialmente aquellos que no desean salir del armario sino que tratar de engañar a toda la gente con toda suerte de artilújios!

El caso es que, al pasar de los años, cuando yo estaba entrando a la universidad, fui a visitar a mi papá que, por ese entonces, subarrendaba parte de su casa como una treta finaciera para solventar los gastos. Uno de los inquilinos era un amigo suyo, profesor de castellano en un liceo de la capital, casado y con tres hijos. Recuerdo que veniamos entrando y mi papá me pidió que fuera hasta la cocina en busca de una bebida heladita que estaba en el refrigerador. Esto pasaba en pleno y caluroso verano de mis ultimas vacaciones. Atravesé el zaguán y el comedor. Pasando una puerta de esas con muchas ventanitas de vidrio, se accedia al patio que justo al medio tenia una inmensa higuera que el terremoto de 1985 se encargó de dejar inclinada amenazadoramente hacia el frente. Al costado un pasillito de baldosas granate conducia a la cocina pasando por las puertas de las piezas de los subarrendatarios y, en esa tarde de domingo una de esas puertas estaba abierta debido al calor reinante. Yo pasaba hacia la cocina y no pude evitar el mirar instintivamente hacia la pieza que estaba abierta y alcancé a divisar a dos sujetos en traje de adán sobre una cama, los cuales conversaban tranquilamente como una pareja que lo hace "después de la acción". Y bebian algo en sus copas.

Mi papá venia atrás mio y vió lo mismo que yo pero no se soprendió porque seguramente ya sabia que uno de ellos era algo más que un profesor de castellano! El otro era más jovencito... como suele ocurrir. Aun así puso una cara de "wow", porque no esperaba que yo viera eso a mis tiernos 17 añitos. Cerró la puerta a los "comenzales" y entró a la cocina donde yo tuve que explicarle que no estaba ni ahi con la vida de los demás. Más tarde, y una vez que el profe y su amiguito se habian vestido, estaba conversando con mi papá en otra habitación y, al parecer, el gordito profesor de la lengua castellana estaba muerto de verguenza. Asi que, para alivianar la tensión, mi papá me pidió que sirviera unas copas de bebida heladita y se las sirviera a todos para compartir esa agradable tarde. Esa fue mi oportunidad!

Recuerdan que, al inicio, dije que detesto la gente tapada, falsa, que no sale del armario y que mantiene una doble vida? Especialmente, detesto que una persona sea capaz de buscarse una mujer, casarse con ella y tener la cara dura de engendrar hijos siendo que le gusta cagar pa dentro! Pues bien, mientras servia las bebidas, decidi identificar bien cual seria la bebida del profe... y para no confundirme la marqué con un sendo gargajo que consegui en un momento de inspiración...!!! Como se trataba de una Fanta, el insigne escupo se mezcló con las burbujas del gas y prestamente me dirijí a la habitación. Mi papá me indicó que le sirviera al profesor, el cual no podia disimular su plancha. Yo inmediatamente le hice caso a mi progenitor para demostrar que no habia razon para tal verguenza y que todo estaba bien... No tenia por qué discriminar, verdad? Eso es cosa de pendejos; gente intolerante que no sabe lo que pasa por la cabeza de los demás... cierto? Bueno, no sé ustedes, pero yo me quedé mirando atentamente como este tipo saboreaba el inofensivo elíxir bajo el calor de enero creyendo que sólo aliviaba su calor sin saber que aliviaba mucho más mis ganas de colgarlo de los testiculos!

Bien; esta historia se va a quedar por aqui. Otro dia voy a contar la historia del castigo que le inflijimos a un compañero de internado que siempre usaba las cosas que los demas habian olvidado en las duchas y, por el metodo usado, podria decirse que es casi una seguidilla del la deliciosa fórmula para la elaboracion de "Fanta casera". Sólo resta dejar un motivo para meditación: Cuidado con los profesores de castellano, con casas subarrendadas en domingo por la tarde, y sobretodo cuidado con adolescentes que están de vacaciones... Fanta es un producto de la Coca-Cola; no acepte imitaciones.

Super... Dotado




















Hoy dia estaba viendo al pasar una breve materia periodística en la TV sobre niños superdotados. Dicen los expertos que un superdotado puede reconocerse porque generalmente habla fluidamente, camina y manifiesta una memória extraordinaria generalmente dentro de los dos primeros años de edad. Y qué decir de aquellos que antes de completar un año ya saben lo que es un buen par de gomas? Y no me refiero a las de la mamá porque sabemos que los infantes buscan instintivamente los pechos maternos a la hora de onces o cuando se les para la pluma! Yo estoy hablando de meter la cara entre las pechugas de las ricas amigas de tu mamá con todo descaro y en cada chance que haya!
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Como a los 4 años de edad, empecé a dibujar... dibujaba lo que se me ocurriera; con especial énfasis en las figuras humanas. Al principio, no dibujaba rostros; eso era para mi como un desafio lejano. Dibujaba los cuerpos en sombras, pero de tal forma que se podia distinguir un policia de un ladron. Si... yo dibujaba situaciones, acciones; casi como historietas pero con cuerpos humanos en sombras. Cuando empecé a ver TV, aprendí a dibujar los cartoons que veia: La Pantera Rosa, Los Picapiedras. Después, pasé a crear mis propios personajes con su historieta. En esta fase fue cuando llegué a la Enseñanza Media. Mis compañeros acostumbraban a aprovechar bien el poco tiempo que podian compartir conmigo asi que, cuando yo finalmente aparecia en el colegio me empapelaban con sus peticiones de este o aquel dibujo. Me decian "cometa" en esa época. Y justo ahi entré en la siguiente fase de mis artes pictóricas: la caricatura.

Me gustaba dibujar a un cierto compañero que a mi modo de ver tenia los rasgos característicos para "no perdonarlo" con el lápiz. Siempre lo retrataba con la cabeza saltando del cuerpo unida a éste por un resorte. Cosas de pendejo que, tu sabes, son muy graciosas en una maravillosa época de la vida en la cual lo "sério" es sólo una palabra en el diccionario. Pero el aburrimiento también me fastidiaba, especialmente en clases como la de Artes Manuales, no sólo porque el profesor era demasiado aburrido sino también porque yo tenia mis propias "artes manuales" desarrolladas con una precocidad innombrable. Esto me llevó a descargar toda mi creatividad en el pizarrón en los momentos en que el profe se ponia pajero y tu sabes... la típica: un montón de lame-culos al rededor del docente que sentado en su mesa, finge hacer algo importante cuando en realidad se está pajeando de una forma más que adolescente, al igual que los demás. Y el resto de los alumnos en otra, conversando, leyendo o escribiendo en la pizarra. Yo preferia ir y dibujar. Este era el problema.

Una cierta tarde, en la clase de Artes Manuales, se dió la situación antes descrita y, mientras un grupo rodeaba al profesor, yo me levanté y me dirigí al pizarrón. Tomé un pedazo de tiza y comencé una obra inédita: una colección de figuras de animales prehistóricos inventados por mi, cada uno con su nombre "científico". Como todo genio incomprendido y adelantado a su época, esto me llevó directo a la oficina del Inspector General. Y no era para menos! A nadie la habian enseñado la existencia del "cococeronte prehistórico", el "tripicornio" o el "picosaurio" y yo me sentía como Galileo Galilei, solo delante de dos alternativas: o probaba mi teoria o iba a la hoguera! Pero encontré una alternativa intermediária que podemos llamar de cohartada.

Mis compañeras de curso no tenian el más mínimo sentido estético... Ellas mismas fueron las que instigaron al poder constituido para que me llevaran a la inspectoria! El Sr. Villagra, un tipo que parecia una mezcla de tira con psiquiatra patético, me interrogó. Queria saber qué clase de dibujos eran los que yo hacia en la clase. Me preguntó directamente por los animalejos antes citados pero yo los protejí de su cruel destino y, como un buen gobierno, negué tener conocimiento! Como yo le dije que dibujaba otra clase de cosas, Villagra me pasó un papel y un lápiz y me convidó gentilmente a mostrarle mi produccion! En este punto, encontré mi cohartada: comencé lentamente, pero cagado de la risa por dentro, conteniéndome para no reir, a dibujar a mi compañero con la cabeza escapando del cuerpo... el resorte y todo lo demás.

C
uando terminé, casi no podia mirar a la cara al inspector general pues mis ganas de romper en carcajadas era tan violenta que a ratos se me escapaban unos espasmos ridículos. Extendi el papel... él lo miraba impertérrito y me preguntó si habia algo más que dibujar y le dije que no. Obviamente, era loco pero no huevón. Terminé por asegurarle que pese a los reclamos y acusaciones de varias de mis compañeras, todo no pasaba de un malentendido que se podria resolver no dibujando más a mi querido compañero.

Al volver a la sala, miré a mis compañeras con la misma cara con que Jesus debe haber mirado a Judas después del beso y todo siguió su curso normal. No recuerdo haber sido suspendido por ese incidente, pero esa no seria la última vez que tendria una entrevista parecida en aquel antro. Sin embargo, para no perder la pose, fui nuevamente a la pizarra y dibujé una vez más a Muñoz con su cabeza saltando hacia afuera... y una pantera rosa chica mirandolo desde la derecha.

Alcance de Nombres















Cuando eres un profesor de Metodologia de la Investigación, Exégesis y otras barbaridades linguisticas en la vecina y famosa ciudad de Campinas, en el estado de Sao Paulo y pasas otra parte del tiempo dictando conferencias, capacitaciones y consejeria familiar en tu lugar de residencia, no extraña que te inviten a discursar cuando algun prominente ciudadano del lugar muerde el polvo. Si a eso le sumas que la ciudad tiene sólo 150.000 habitantes y que alguno de tus gases corre el riesgo de salir retratado al otro dia en el diario local, lo más probable es que no pases inadvertido.

Itu es una pequeña ciudad a unos 87 km de la gran metrópolis de Sao Paulo capital, famosa en todo el pais porque te venden artículos de todo tipo en tamaño gigante para que nunca olvides que lo bueno viene en frascos chicos. Y cuando digo cosas grandes, no me refiero solamente a recuerdos como llaveros, lápices, cigarros y peinetas enormes sino también a un supermercado del tamaño del mayor Jumbo de Santiago y un Mall mucho mayor que el de Maipu o el del Centro, con varias salas de cine, y todo para esas 150.000 personas! Es una ciudad pintoresca; tiene de todo y, hay quien diga que se trata de una cortina para lavar dinero y, en realidad, es muy sospechoso que tantas lujosas tiendas que hay por toda parte puedan sobrevivir en un lugar donde las moscas vuelan una vez al año.

El caso es que un matrimonio joven al que me habia tocado aconsejar meses antes de su matrimonio me llamó para pedirme unas ultimas palabras en el funeral del abuelo de la chica. La ciudad cuenta con dos velórios, uno estratégicamente parapetado a la vuelta del cementerio, y el otro es el Velório Municipal, ubicado próximo a una de las plazas del centro... Fui informado que el fallecido estaba siendo velado allá. Mientras caminaba hacia el recinto hojeando mentalmente mi repertório, me percaté de que habia olvidado el nombre del occiso pero eso no me preocupó mucho... Hasta ese momento, mi principal drama era de qué manera obviar mi convicción de que el finado probablemente sólo pasaria por el cielo rosando la puerta de afuera y al mismo tiempo decirle algo convincente a un 90% de bárbaros y ateos que seguramente estarían en el lugar.

Cuando llegué al Velório Municipal, empezó mi odisea... Habia dos muertos!! Yo pensé: "Grande Claudio!... Suponiendo que llegaste al sitio correcto, asegúrate de no discursarle al muerto equivocado! No reconocia una sola de las caras de los vivos presentes y el tiempo apremiaba. Ahora mi mente estaba abocada a repasar los posibles nombres del abuelito en cuestión... Sería Raimundo? No, ese era el nombre de uno que todos querian ver muerto pero estaba bien vivo en la ciudad. Lázaro, el ex-Alcalde de Itu? No, ese tampoco estaba muerto aunque no seria mala idea porque se venian las elecciones. Pedro, Miguel, Antonio... podia ser cualquiera pero recordé que se acentuaba en la segunda de dos sílabas. En ese instante llegó un hombre y me preguntó qué deseaba. Casi sin pensar más le dije: "Vengo a ver a Nestór!" (lo dije con una convicción absoluta).

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Al cabo de un momento, el hombre - que habia ido adentro - volvió con cara de interrogación y me dijo que no habia ningún Nestór, ni en la sala número uno ni en la número dos. Sólo esto me faltaba! Me equivoqué de velório! Me iba a retirar cuando divisé al fondo a un sujeto al que yo habia visitado algunas veces y que frecuentaba una vez cada 100 años la iglesia donde se habian casado los muchachos que me llamaron. Más sorprendido quedé aun cuando él me informó que Nestór se encontraba en perfectas condiciones y no sólo eso sino que "lo dejamos suelto en el patio de la casa". Yo ya no entendia nada. Cuando yo le dije que tenia entendido que Nestór habia muerto y por eso yo estaba ahi para darle un último adiós, el hombre me dijo que el finado se llamaba Heitór... Ahi lo comprendí todo. Era claro que Nestór no estaba muerto porque es un dobermann en la flor de la edad que me recibia no muy amigablemente cuando yo iba a visitar a su dueño! Además, el Velório Municipal no sería el lugar adecuado socialmente hablando para velar a un perro.


Ustedes no pueden imaginar la lucha interior que trabé a partir de ese momento para no estallar en carcajadas cuando se supone que debia sumarme al dolor de los demás pero, la verdad, me resultaba casi imposible contenerme al ver que, habiendo llegado al lugar, en vez de preguntar por el fallecido pregunté por un perro de guardia. Yo respiraba profundamente y me acerqué a la mesita donde habia un termo para beber té y hierbas variadas con la intención de calmar mis emociones. Casi podía imaginar el título del responso: TODOS LOS PERRITOS SE VA AL CIELO.

Cuando llegó la nieta del difunto, recibí un alivio extra al ser informado que el muerto no era un completo infiel sino que sólo se habia alejado de su congregación en los ultimos años debido a su mala salud y avanzada edad. De esta suerte, no fue dificil construir un bello mensaje inspirador que lo pusiera a él en la nube numero 8, y a los presentes en el juego de sacar pajitas pues eso si era algo que yo sabia hacer con precisión: no darle nunca a hombres vivos la misma seguridad que a un perro muerto.