Hot Frog













D
urante 4 años estudié por la noche. Vivía en régimen de internado abierto y durante le día me ganaba la vida trabajando como bibliotecario, profesor particular de música y los finales de semana hacia misiones locales por la iglesia a la que pertenecía. En mi vida académica, era considerado un tipo cercano a la genialidad, con profesores que esperaban que yo un día me convirtiera en un brillante escritor y conferencista de renombre. Pero había un problema… mi “fama” con las mujeres, según las propias palabras de uno de mis más importantes mentores en aquella época. La denominación era, en mi particular modo de ver, un tanto injusta, ya que pasé prácticamente toda la carrera amarrado a una única novia – salvo una breve escaramuza con la hija de un pastor bautista que no duró más de dos meses.

El caso es que durante mi prolija carrera como estudiante fui protagonista de capítulos verdaderamente pintorescos en mi vida sentimental, hecho que no dejaba de lanzar dudas a la mente del resto de mis compañeros que, en alguna ocasión, llegaron a acorralarme para saber si mi “inmunidad” se debía a vínculos secretos con la masonería.

Pero yo ya estaba acostumbrado. En mi segundo año de Pedagogía, también fui gentilmente interrogado contra la pared durante una peña folklórica en la comuna de Ñuñoa sólo porque era demasiado sospechoso que a mis 18 años anduviera siempre vestido de manera formal y que pese a dar vueltas sin sentido durante todo el día por los jardines del campus, llegara el momento de la prueba y siempre me sacara un siete.

Si, lo que quiero decir con todo esto es que, por lo general, en algunos reductos estudiantiles no se le pone la mano encima fácilmente a alguien que es brillante en su rendimiento escolar. De hecho tuve una novia que solamente no fue expulsada por ser 24 años menor que yo debido a que tenia el promedio más alto del colegio y una beca municipal… eso para que sepamos bien de lo que estoy hablando.

A lo largo de esos años de estudio, las sospechas de mis compañeros de que yo pudiera estar en alguna suerte de “adelanto” de luna de miel con mi novia eran no sólo motivo de la curiosidad de unos pocos sino que un desafío general que incluía, por supuesto, aquellos a quienes no les caía muy bien. Sé que esto suena tremendamente irrelevante en la sociedad que vivimos, pero yo estaba inmerso en un mundo religioso, altamente ético y moralista, de manera que vida sexual activa no seria un antecedente muy interesante en mi hoja de vida. Todo el mundo quería saber si yo me estaba comiendo a mi polola! Lo más curioso es que yo siempre fui un individuo temerario en este punto y bautizé lugares innombrables con mi compañera… si esto hubiera ocurrido en la época de la Inquisición, ustedes ya saben lo que me habría pasado.

Pero una tarde, en mi último año de estudios de grado, fui convidado a declarar en una comisión disciplinaria que, de acuerdo a la norma, sólo se constituía para expulsar a un alumno y, en el mejor de lo casos, recomendarle gentilmente que se buscara alguna otra institución más de acuerdo a sus estándares personales. Había sido visto en una escena de celos que incluía algunos lances de boxeo con mi novia que, por esos días, no era formalmente mi nada. Ustedes saben, esas típicas pintadas de mono que ocurren cuando uno peleó y terminó por breve tiempo. Lo malo es que el asalto lo presenció un vendedor de hot-dogs que se parapetaba todas las tardes a eso de la hora de inicio de clases en la esquina frontal oblicua a nuestra casa de estudios. Lo peor… tenía la boca grande. Como la mayoría de los estudiantes iba a matar el hambre a su carrito, no pasó mucho tiempo y ya esto parecía historia de carnudos: todos lo sabían menos yo.

Se preguntarán qué pasó… pasó lo que ha pasado siempre a lo largo de mi vida. Me constituí en la primera excepción relevante a la regla de los consejos disciplinarios. Continué estudiando hasta el final, pero debí escuchar muchas cosas desagradables que se podrían resumir en que “como teólogo eres un buen pianista”… Pero también habían buenas noticias: mi novia había pasado minutos antes que yo por el consejo y no pudieron sacarle nada que me incriminara. Y aunque yo dije que el vendedor de completos estaba mintiendo porque me tenia malas debido a una deuda de sanguchitos fiados, y que no deberían darle crédito a un bárbaro que hablaba mal de un buen cristiano, tengo mis dudas de lo que ayudó a librarme del patíbulo. A veces pienso si no fue el hecho de que yo era uno de los alumnos con mejor redacción de la lengua portuguesa que ellos conocían; poseedor de un promedio 10 en griego arcaico por tres años consecutivos; becado por un benefactor anónimo e importante a lo largo de 4 años y un muy buen investigador que siempre elaboraba los trabajos en un nivel de post-grado. Pasó mucho tiempo antes que yo volviera a comer hot-dogs en ese lugar.

SuperRaton
















M
e fui de la casa a los 19 años. Patudamente fui a vivir al barrio alto, sin tener donde caerme muerto. Arrendé durante un mes una pieza para estudiantes en una casa de familia, justo al lado del Apumanque. Pero, aunque la mona se vista de seda, mona se queda... y dejé el lugar apenas se me acabó la plata y me fui a vivir a una casa donde sólo habia estudiantes como yo, pero en el sector de Av. Matta con Portugal. Yo estaba en el cuarto año de Pedagogia en Eduación Musical, haciendo mi segunda tentativa de dejar el país - la cual no seria la última - y me ganaba la vida enseñando música en colegios y casas particulares. Me alcanzaba para pagar una habitación que debia compartir con otro sujeto cuya identidad cambiaba a la media noche. Si, su cuñado se venia a dormir a su cama y él iba a acostarse con su polola, que alquilaba otra habitación aledaña. En la parte de arriba, otros dos muchachos amigos de la jarana y estudiantes de institutos tecnicos compartian una pieza un poco más grande y, a la salida, pagaba su cuarto el único que no era estudiante: un tio al cual le deciamos Silvio Rodríguez por su parecido con el cantante cubano y del cual me acuerdo que hacia una operación de comando para introducir a hurtadillas a su pieza una rechonchuda novia cada vez que lo venia a visitar.

El dueño de la casa era un viejo calvo, miembro de la Iglesia Adventista del 7º Dia. Avaro como él solo y con cara de no confiar en nadie. No vivia en la casa, pero venia frecuentemente a controlar el ambiente y tenia una pieza grande llena de trastos a la entrada de la casa, cuyas ampliaciones eran, como en todas partes, ilegales! Le ponia candado a un teléfono antiguo para que sólo pudieramos recibir llamados, pero nosotros éramos hábiles y habíamos desarrollado la paciencia y el pulso necesario para discar con el candado puesto.

Recuerdo que el primer mes de arriendo lo pasé a pan tostado, esperando los dias de pago y fue en una de esas ocasiones cuando estaba a la mesa saboreando ese exquisito manjar de los dioses cuando miré hacia la cocina y vi que por una tuberia que atravesaba el techo hasta el suelo, bajaba raudamente un guarén del porte de un gato! A partir de ese instante tuve claro que había más "inquilinos" de lo que se sabia oficialmente y, al mas puro estilo de mis 11 años, cuando pasé toda una noche tratando de liquidar a una diminuta laucha que osó pasar por sobre mi cara mientras dormia, me senti llamado a las armas y declaré guerra a esta asquerosa alimaña. Durante la operación, y como suele ocurrir en buenos films de accion, el bandido huyó, no sin recibir sendos escobazos que lo hacian chillar como una mujercita a manos de un negro. El problema es que con el pasar de los dias y la repitencia de estos incidentes, constaté que no se trataba de un roedor solitário. Otro dia, mientras almorzaba, vi como se desplazaba una familia entera con toda parsimonia de arriba hacia abajo y viceversa. Pero ese dia fue punto para mi!

Algunos escaparon pero logré darle a uno en la cabeza y lo atonté lo suficiente como para que le fuera más dificil la fuga. Movi todo lo que podia a mi alrededor hasta que lo acorralé y acabé con su vida merced a una saga de maestros golpes de escobillon sobre su lomo y cabezota. Ya lo teniamos dominado y semi muerto cuando no encontramos mejor salida que agarrarlo con un papel de diario - El Mercurio para ser exacto - y lo arrojamos ya moribundo por el tragaluz de la habitación del dueño. Lo que viene a continuación talvez lo puedan imaginar.

Llego, don Julio, el dueño de la casa, con toda tranquilidad a su inspección de rutina cuando, al abrir la puerta, se depara con el cadáver de la bestia! Nostros nos haciamos los huevones, pero con aquella carcajada presa en la garganta y el morbo debido a la ocasión. El vejete tenia una cara imposible de describir aqui. Cómo habria llegado hasta ahi el guarén. Se trataria de un ratón con alas? Un hediondo roedor posible de atrapar solamente por el gato volador? O... alguien lo habria puesto allí?? Vino a verme a mi y me preguntó como si fuera un secreto entre ambos, si habia visto a alguien entrar a su habitación. Le dije que no. A partir de ese momento, comenzó a afirmar que se habian introducido a su habitación. Cambió el candado y le quitó los candados a todas las puertas de las habitaciones arrendadas. Aprovechó para hacer sus descargos por la sospechosa cuenta telefonica que acusaba la realización de horrorosa cantidad de llamados desde ese aparato y salió indignado. No sin antes encargarse del cuerpo sin vida del super-guarén.

Algunos dias después, anunció sus intenciones de hacer una reforma en la casa por lo cual era necesario que cada uno de nosotros abandonara el lugar a la brevedad posible. Habíamos compartido ahi numerosas y entretenidas aventuras; haciendonos amigos, discutiendo a veces y reconciliándonos despues. Todo iba bien, hasta el dia en que los guarenes decidieron aparecer en escena. No pude liquidarlos a todos; es más, el primero fue también el último. Y, al morir, se llevó "al vuelo" nuestra oportunidad de seguir siendo la comunidad de estudiantes que habiamos sido hasta ese momento. Uno a uno fuimos dejando la casa... yo fui el último en abandonarla. Proximamente sabrán a donde fui a parar ya que, cuando esto ocurrió, no tenia empleo y sólo me dedicaba a flojear.

Fanta "Cola"













M
i papá es un hombre de teatro desde mucho antes que yo naciera. Yo todavia no pasaba de un espermio con pretensiones de gente cuando mis padres hacian representaciones en los grupos teatrales que se formaban en las empresas donde trabajaban. Más tarde, él prestó examen en la Universidad de Chile para obtener su credencial profesional de manera que, con el tiempo, comenzó a introducirse en ambientes más escojidos y eso significó que yo crecí yendo a selectos lugares del quehacer teatral santiaguino asistiendo al estreno de los más perfectos vodrios como también autenticas obras clásicas del arte dramatico.

No tardé en darme cuenta de que el mundo de las artes escénicas está plagado de gente a la que se le queda una patita atrás por lo que desde pequeño desarrollé un discernimiento poco comun para detectar la más anonima presencia de algun fleto en las cercanias. Y no que yo sea un tipo homofóbico pero, la verdad, me molestan los gays no asumidos, especialmente aquellos que no desean salir del armario sino que tratar de engañar a toda la gente con toda suerte de artilújios!

El caso es que, al pasar de los años, cuando yo estaba entrando a la universidad, fui a visitar a mi papá que, por ese entonces, subarrendaba parte de su casa como una treta finaciera para solventar los gastos. Uno de los inquilinos era un amigo suyo, profesor de castellano en un liceo de la capital, casado y con tres hijos. Recuerdo que veniamos entrando y mi papá me pidió que fuera hasta la cocina en busca de una bebida heladita que estaba en el refrigerador. Esto pasaba en pleno y caluroso verano de mis ultimas vacaciones. Atravesé el zaguán y el comedor. Pasando una puerta de esas con muchas ventanitas de vidrio, se accedia al patio que justo al medio tenia una inmensa higuera que el terremoto de 1985 se encargó de dejar inclinada amenazadoramente hacia el frente. Al costado un pasillito de baldosas granate conducia a la cocina pasando por las puertas de las piezas de los subarrendatarios y, en esa tarde de domingo una de esas puertas estaba abierta debido al calor reinante. Yo pasaba hacia la cocina y no pude evitar el mirar instintivamente hacia la pieza que estaba abierta y alcancé a divisar a dos sujetos en traje de adán sobre una cama, los cuales conversaban tranquilamente como una pareja que lo hace "después de la acción". Y bebian algo en sus copas.

Mi papá venia atrás mio y vió lo mismo que yo pero no se soprendió porque seguramente ya sabia que uno de ellos era algo más que un profesor de castellano! El otro era más jovencito... como suele ocurrir. Aun así puso una cara de "wow", porque no esperaba que yo viera eso a mis tiernos 17 añitos. Cerró la puerta a los "comenzales" y entró a la cocina donde yo tuve que explicarle que no estaba ni ahi con la vida de los demás. Más tarde, y una vez que el profe y su amiguito se habian vestido, estaba conversando con mi papá en otra habitación y, al parecer, el gordito profesor de la lengua castellana estaba muerto de verguenza. Asi que, para alivianar la tensión, mi papá me pidió que sirviera unas copas de bebida heladita y se las sirviera a todos para compartir esa agradable tarde. Esa fue mi oportunidad!

Recuerdan que, al inicio, dije que detesto la gente tapada, falsa, que no sale del armario y que mantiene una doble vida? Especialmente, detesto que una persona sea capaz de buscarse una mujer, casarse con ella y tener la cara dura de engendrar hijos siendo que le gusta cagar pa dentro! Pues bien, mientras servia las bebidas, decidi identificar bien cual seria la bebida del profe... y para no confundirme la marqué con un sendo gargajo que consegui en un momento de inspiración...!!! Como se trataba de una Fanta, el insigne escupo se mezcló con las burbujas del gas y prestamente me dirijí a la habitación. Mi papá me indicó que le sirviera al profesor, el cual no podia disimular su plancha. Yo inmediatamente le hice caso a mi progenitor para demostrar que no habia razon para tal verguenza y que todo estaba bien... No tenia por qué discriminar, verdad? Eso es cosa de pendejos; gente intolerante que no sabe lo que pasa por la cabeza de los demás... cierto? Bueno, no sé ustedes, pero yo me quedé mirando atentamente como este tipo saboreaba el inofensivo elíxir bajo el calor de enero creyendo que sólo aliviaba su calor sin saber que aliviaba mucho más mis ganas de colgarlo de los testiculos!

Bien; esta historia se va a quedar por aqui. Otro dia voy a contar la historia del castigo que le inflijimos a un compañero de internado que siempre usaba las cosas que los demas habian olvidado en las duchas y, por el metodo usado, podria decirse que es casi una seguidilla del la deliciosa fórmula para la elaboracion de "Fanta casera". Sólo resta dejar un motivo para meditación: Cuidado con los profesores de castellano, con casas subarrendadas en domingo por la tarde, y sobretodo cuidado con adolescentes que están de vacaciones... Fanta es un producto de la Coca-Cola; no acepte imitaciones.