Alcance de Nombres















Cuando eres un profesor de Metodologia de la Investigación, Exégesis y otras barbaridades linguisticas en la vecina y famosa ciudad de Campinas, en el estado de Sao Paulo y pasas otra parte del tiempo dictando conferencias, capacitaciones y consejeria familiar en tu lugar de residencia, no extraña que te inviten a discursar cuando algun prominente ciudadano del lugar muerde el polvo. Si a eso le sumas que la ciudad tiene sólo 150.000 habitantes y que alguno de tus gases corre el riesgo de salir retratado al otro dia en el diario local, lo más probable es que no pases inadvertido.

Itu es una pequeña ciudad a unos 87 km de la gran metrópolis de Sao Paulo capital, famosa en todo el pais porque te venden artículos de todo tipo en tamaño gigante para que nunca olvides que lo bueno viene en frascos chicos. Y cuando digo cosas grandes, no me refiero solamente a recuerdos como llaveros, lápices, cigarros y peinetas enormes sino también a un supermercado del tamaño del mayor Jumbo de Santiago y un Mall mucho mayor que el de Maipu o el del Centro, con varias salas de cine, y todo para esas 150.000 personas! Es una ciudad pintoresca; tiene de todo y, hay quien diga que se trata de una cortina para lavar dinero y, en realidad, es muy sospechoso que tantas lujosas tiendas que hay por toda parte puedan sobrevivir en un lugar donde las moscas vuelan una vez al año.

El caso es que un matrimonio joven al que me habia tocado aconsejar meses antes de su matrimonio me llamó para pedirme unas ultimas palabras en el funeral del abuelo de la chica. La ciudad cuenta con dos velórios, uno estratégicamente parapetado a la vuelta del cementerio, y el otro es el Velório Municipal, ubicado próximo a una de las plazas del centro... Fui informado que el fallecido estaba siendo velado allá. Mientras caminaba hacia el recinto hojeando mentalmente mi repertório, me percaté de que habia olvidado el nombre del occiso pero eso no me preocupó mucho... Hasta ese momento, mi principal drama era de qué manera obviar mi convicción de que el finado probablemente sólo pasaria por el cielo rosando la puerta de afuera y al mismo tiempo decirle algo convincente a un 90% de bárbaros y ateos que seguramente estarían en el lugar.

Cuando llegué al Velório Municipal, empezó mi odisea... Habia dos muertos!! Yo pensé: "Grande Claudio!... Suponiendo que llegaste al sitio correcto, asegúrate de no discursarle al muerto equivocado! No reconocia una sola de las caras de los vivos presentes y el tiempo apremiaba. Ahora mi mente estaba abocada a repasar los posibles nombres del abuelito en cuestión... Sería Raimundo? No, ese era el nombre de uno que todos querian ver muerto pero estaba bien vivo en la ciudad. Lázaro, el ex-Alcalde de Itu? No, ese tampoco estaba muerto aunque no seria mala idea porque se venian las elecciones. Pedro, Miguel, Antonio... podia ser cualquiera pero recordé que se acentuaba en la segunda de dos sílabas. En ese instante llegó un hombre y me preguntó qué deseaba. Casi sin pensar más le dije: "Vengo a ver a Nestór!" (lo dije con una convicción absoluta).

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Al cabo de un momento, el hombre - que habia ido adentro - volvió con cara de interrogación y me dijo que no habia ningún Nestór, ni en la sala número uno ni en la número dos. Sólo esto me faltaba! Me equivoqué de velório! Me iba a retirar cuando divisé al fondo a un sujeto al que yo habia visitado algunas veces y que frecuentaba una vez cada 100 años la iglesia donde se habian casado los muchachos que me llamaron. Más sorprendido quedé aun cuando él me informó que Nestór se encontraba en perfectas condiciones y no sólo eso sino que "lo dejamos suelto en el patio de la casa". Yo ya no entendia nada. Cuando yo le dije que tenia entendido que Nestór habia muerto y por eso yo estaba ahi para darle un último adiós, el hombre me dijo que el finado se llamaba Heitór... Ahi lo comprendí todo. Era claro que Nestór no estaba muerto porque es un dobermann en la flor de la edad que me recibia no muy amigablemente cuando yo iba a visitar a su dueño! Además, el Velório Municipal no sería el lugar adecuado socialmente hablando para velar a un perro.


Ustedes no pueden imaginar la lucha interior que trabé a partir de ese momento para no estallar en carcajadas cuando se supone que debia sumarme al dolor de los demás pero, la verdad, me resultaba casi imposible contenerme al ver que, habiendo llegado al lugar, en vez de preguntar por el fallecido pregunté por un perro de guardia. Yo respiraba profundamente y me acerqué a la mesita donde habia un termo para beber té y hierbas variadas con la intención de calmar mis emociones. Casi podía imaginar el título del responso: TODOS LOS PERRITOS SE VA AL CIELO.

Cuando llegó la nieta del difunto, recibí un alivio extra al ser informado que el muerto no era un completo infiel sino que sólo se habia alejado de su congregación en los ultimos años debido a su mala salud y avanzada edad. De esta suerte, no fue dificil construir un bello mensaje inspirador que lo pusiera a él en la nube numero 8, y a los presentes en el juego de sacar pajitas pues eso si era algo que yo sabia hacer con precisión: no darle nunca a hombres vivos la misma seguridad que a un perro muerto.

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