SuperRaton
















M
e fui de la casa a los 19 años. Patudamente fui a vivir al barrio alto, sin tener donde caerme muerto. Arrendé durante un mes una pieza para estudiantes en una casa de familia, justo al lado del Apumanque. Pero, aunque la mona se vista de seda, mona se queda... y dejé el lugar apenas se me acabó la plata y me fui a vivir a una casa donde sólo habia estudiantes como yo, pero en el sector de Av. Matta con Portugal. Yo estaba en el cuarto año de Pedagogia en Eduación Musical, haciendo mi segunda tentativa de dejar el país - la cual no seria la última - y me ganaba la vida enseñando música en colegios y casas particulares. Me alcanzaba para pagar una habitación que debia compartir con otro sujeto cuya identidad cambiaba a la media noche. Si, su cuñado se venia a dormir a su cama y él iba a acostarse con su polola, que alquilaba otra habitación aledaña. En la parte de arriba, otros dos muchachos amigos de la jarana y estudiantes de institutos tecnicos compartian una pieza un poco más grande y, a la salida, pagaba su cuarto el único que no era estudiante: un tio al cual le deciamos Silvio Rodríguez por su parecido con el cantante cubano y del cual me acuerdo que hacia una operación de comando para introducir a hurtadillas a su pieza una rechonchuda novia cada vez que lo venia a visitar.

El dueño de la casa era un viejo calvo, miembro de la Iglesia Adventista del 7º Dia. Avaro como él solo y con cara de no confiar en nadie. No vivia en la casa, pero venia frecuentemente a controlar el ambiente y tenia una pieza grande llena de trastos a la entrada de la casa, cuyas ampliaciones eran, como en todas partes, ilegales! Le ponia candado a un teléfono antiguo para que sólo pudieramos recibir llamados, pero nosotros éramos hábiles y habíamos desarrollado la paciencia y el pulso necesario para discar con el candado puesto.

Recuerdo que el primer mes de arriendo lo pasé a pan tostado, esperando los dias de pago y fue en una de esas ocasiones cuando estaba a la mesa saboreando ese exquisito manjar de los dioses cuando miré hacia la cocina y vi que por una tuberia que atravesaba el techo hasta el suelo, bajaba raudamente un guarén del porte de un gato! A partir de ese instante tuve claro que había más "inquilinos" de lo que se sabia oficialmente y, al mas puro estilo de mis 11 años, cuando pasé toda una noche tratando de liquidar a una diminuta laucha que osó pasar por sobre mi cara mientras dormia, me senti llamado a las armas y declaré guerra a esta asquerosa alimaña. Durante la operación, y como suele ocurrir en buenos films de accion, el bandido huyó, no sin recibir sendos escobazos que lo hacian chillar como una mujercita a manos de un negro. El problema es que con el pasar de los dias y la repitencia de estos incidentes, constaté que no se trataba de un roedor solitário. Otro dia, mientras almorzaba, vi como se desplazaba una familia entera con toda parsimonia de arriba hacia abajo y viceversa. Pero ese dia fue punto para mi!

Algunos escaparon pero logré darle a uno en la cabeza y lo atonté lo suficiente como para que le fuera más dificil la fuga. Movi todo lo que podia a mi alrededor hasta que lo acorralé y acabé con su vida merced a una saga de maestros golpes de escobillon sobre su lomo y cabezota. Ya lo teniamos dominado y semi muerto cuando no encontramos mejor salida que agarrarlo con un papel de diario - El Mercurio para ser exacto - y lo arrojamos ya moribundo por el tragaluz de la habitación del dueño. Lo que viene a continuación talvez lo puedan imaginar.

Llego, don Julio, el dueño de la casa, con toda tranquilidad a su inspección de rutina cuando, al abrir la puerta, se depara con el cadáver de la bestia! Nostros nos haciamos los huevones, pero con aquella carcajada presa en la garganta y el morbo debido a la ocasión. El vejete tenia una cara imposible de describir aqui. Cómo habria llegado hasta ahi el guarén. Se trataria de un ratón con alas? Un hediondo roedor posible de atrapar solamente por el gato volador? O... alguien lo habria puesto allí?? Vino a verme a mi y me preguntó como si fuera un secreto entre ambos, si habia visto a alguien entrar a su habitación. Le dije que no. A partir de ese momento, comenzó a afirmar que se habian introducido a su habitación. Cambió el candado y le quitó los candados a todas las puertas de las habitaciones arrendadas. Aprovechó para hacer sus descargos por la sospechosa cuenta telefonica que acusaba la realización de horrorosa cantidad de llamados desde ese aparato y salió indignado. No sin antes encargarse del cuerpo sin vida del super-guarén.

Algunos dias después, anunció sus intenciones de hacer una reforma en la casa por lo cual era necesario que cada uno de nosotros abandonara el lugar a la brevedad posible. Habíamos compartido ahi numerosas y entretenidas aventuras; haciendonos amigos, discutiendo a veces y reconciliándonos despues. Todo iba bien, hasta el dia en que los guarenes decidieron aparecer en escena. No pude liquidarlos a todos; es más, el primero fue también el último. Y, al morir, se llevó "al vuelo" nuestra oportunidad de seguir siendo la comunidad de estudiantes que habiamos sido hasta ese momento. Uno a uno fuimos dejando la casa... yo fui el último en abandonarla. Proximamente sabrán a donde fui a parar ya que, cuando esto ocurrió, no tenia empleo y sólo me dedicaba a flojear.

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