
Me gustaba dibujar a un cierto compañero que a mi modo de ver tenia los rasgos característicos para "no perdonarlo" con el lápiz. Siempre lo retrataba con la cabeza saltando del cuerpo unida a éste por un resorte. Cosas de pendejo que, tu sabes, son muy graciosas en una maravillosa época de la vida en la cual lo "sério" es sólo una palabra en el diccionario. Pero el aburrimiento también me fastidiaba, especialmente en clases como la de Artes Manuales, no sólo porque el profesor era demasiado aburrido sino también porque yo tenia mis propias "artes manuales" desarrolladas con una precocidad innombrable. Esto me llevó a descargar toda mi creatividad en el pizarrón en los momentos en que el profe se ponia pajero y tu sabes... la típica: un montón de lame-culos al rededor del docente que sentado en su mesa, finge hacer algo importante cuando en realidad se está pajeando de una forma más que adolescente, al igual que los demás. Y el resto de los alumnos en otra, conversando, leyendo o escribiendo en la pizarra. Yo preferia ir y dibujar. Este era el problema.
Una cierta tarde, en la clase de Artes Manuales, se dió la situación antes descrita y, mientras un grupo rodeaba al profesor, yo me levanté y me dirigí al pizarrón. Tomé un pedazo de tiza y comencé una obra inédita: una colección de figuras de animales prehistóricos inventados por mi, cada uno con su nombre "científico". Como todo genio incomprendido y adelantado a su época, esto me llevó directo a la oficina del Inspector General. Y no era para menos! A nadie la habian enseñado la existencia del "cococeronte prehistórico", el "tripicornio" o el "picosaurio" y yo me sentía como Galileo Galilei, solo delante de dos alternativas: o probaba mi teoria o iba a la hoguera! Pero encontré una alternativa intermediária que podemos llamar de cohartada.
Mis compañeras de curso no tenian el más mínimo sentido estético... Ellas mismas fueron las que instigaron al poder constituido para que me llevaran a la inspectoria! El Sr. Villagra, un tipo que parecia una mezcla de tira con psiquiatra patético, me interrogó. Queria saber qué clase de dibujos eran los que yo hacia en la clase. Me preguntó directamente por los animalejos antes citados pero yo los protejí de su cruel destino y, como un buen gobierno, negué tener conocimiento! Como yo le dije que dibujaba otra clase de cosas, Villagra me pasó un papel y un lápiz y me convidó gentilmente a mostrarle mi produccion! En este punto, encontré mi cohartada: comencé lentamente, pero cagado de la risa por dentro, conteniéndome para no reir, a dibujar a mi compañero con la cabeza escapando del cuerpo... el resorte y todo lo demás.
Cuando terminé, casi no podia mirar a la cara al inspector general pues mis ganas de romper en carcajadas era tan violenta que a ratos se me escapaban unos espasmos ridículos. Extendi el papel... él lo miraba impertérrito y me preguntó si habia algo más que dibujar y le dije que no. Obviamente, era loco pero no huevón. Terminé por asegurarle que pese a los reclamos y acusaciones de varias de mis compañeras, todo no pasaba de un malentendido que se podria resolver no dibujando más a mi querido compañero.
Al volver a la sala, miré a mis compañeras con la misma cara con que Jesus debe haber mirado a Judas después del beso y todo siguió su curso normal. No recuerdo haber sido suspendido por ese incidente, pero esa no seria la última vez que tendria una entrevista parecida en aquel antro. Sin embargo, para no perder la pose, fui nuevamente a la pizarra y dibujé una vez más a Muñoz con su cabeza saltando hacia afuera... y una pantera rosa chica mirandolo desde la derecha.

